Disciplina positiva: cómo educar sin gritos o por lo menos intentarlo

educación, respeto, la resaca del bebe

Disciplina positiva; cómo educar sin gritos o por lo menos intentarlo

¡Aitana, que vengas aquí ahora mismo! ¡Que te he dicho que te laves los dientes de una puñetera vez! ¡O comes o te vas castigada a la cama! ¡Si esta tarde te portas bien, luego a la noche te dejo la tablet para ver Frozen!

Hasta hace no mucho estos eran los recursos que yo utilizaba en casa para intentar que mi hija me hiciera un poco de caso.  Los gritos, las amenazas y los chantajes eran algunas de mis armas cuando la situación se ponía tensa y aunque muchas veces conseguía que mi hija hiciera lo que YO quería, lo cierto es que después me quedaba mal cuerpo porque sabía que no lo estaba haciendo bien del todo. Después de cuatro años de maternidad y dos hijos a mis espaldas, puedo decir que la paciencia ha aumentado un 2000% en mí, pero muchas veces me iba a la cama con la sensación de que seguía siendo una @malamadre por como gestionaba los berrinches de mi hija.

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Y tú ¿Cómo concilias?

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Arrancamos una nueva semana con algo que os va a gustar ¡¡¡ UN CONCURSO !!!

La resaca del bebé junto con las mamás de Livin´LaVidaMadre hemos pensado que la conciliación es un tema que interesa a todas las familias y que se debería apostar por políticas que hicieran posible compaginar trabajo, ocio y familia sin tener que dejar ninguna de las tres a un lado. Por eso queremos dar voz a todas aquellas madres y padres que trabajáis, cuidáis de vuestros hijos y aún así tenéis tiempo para vosotr@s. Queremos conocer vuestras historias y saber como lo hacéis. Cómo han cambiado vuestras jornadas laborales desde que sois padres o quien se encarga del cuidado de los peques mientras vosotr@s estáis en el curro. Y atención que vuestras historias tienen PREMIO.

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La dulce espera; 9 meses de cambios

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Ahora que ya sabéis el porqué del nombre del blog “La resaca del bebé”, quiero hablaros de cómo empieza todo. Ese momento en el que decidís que ha llegado la hora. Ese momento en el que vienen a vuestra mente las sabias palabras de las abuelas: “hijos que se os pasa el arroz”, “que cuanto mas mayores, menos paciencia”… Ese momento en el que estáis cagados de miedo, que quieres ser padres pero que os veis demasiado jóvenes para serlo. Ese momento en el que os hacéis el test deseando que salga el palito rosa bien marcado y que cuando lo veis os llena de alegría y os dais cuenta de que vuestra vida va a cambiar para siempre.

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Presentación

Foto portadaLa idea de crear este blog surgió después de leer en prensa una noticia sobre Constance Hall, una blogger australiana que escribió un post saludando a todas aquellas madres que se resisten a perder su identidad después de haber tenido a sus hijos. Al leer su post yo también me sentí aludida (o saludada como diría ella) y decidí reflexionar sobre ello.

En el último año me ha cambiado mucho la vida. He pasado de ser una persona independiente a tener que estar pendiente de otra personita las 24 horas del día y seguramente que esto le habrá ocurrido también a muchas otras madres. Por todo eso he decidido crear  “La resaca del bebé”, para tratar con un poco de humor los temas que ahora centran mi vida: cacas, pañales, lloros y un sinfín de cosas nuevas que aún me quedan por descubrir y que terminaré descubriendo junto a vosotros.

Quiero que todas aquellas madres o futuras madres puedan sentirse identificadas con lo que escribo y que no piensen que son unos bichos raros, que somos muchas las madres que pensamos igual y que lo mejor es saber que como tu hay alguien más en otro lugar que tiene las mismas dudas y miedos.

Quiero que este blog sea una manera divertida de afrontar la maternidad, convirtiendo en graciosas algunas situaciones que en determinados momentos pueden parecernos estresantes y preocupantes.

Quiero que sea un punto de encuentro para sentirnos identificadas unas con otras y poder comentar nuestras vivencias entre todas.

Y sobre todo quiero que todos aquellos que leáis “La resaca del bebé” podáis disfrutar con humor de mis experiencias, porque los momentos más duros se llevan mejor con una sonrisa.