Disciplina positiva: cómo educar sin gritos o por lo menos intentarlo

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Disciplina positiva; cómo educar sin gritos o por lo menos intentarlo

¡Aitana, que vengas aquí ahora mismo! ¡Que te he dicho que te laves los dientes de una puñetera vez! ¡O comes o te vas castigada a la cama! ¡Si esta tarde te portas bien, luego a la noche te dejo la tablet para ver Frozen!

Hasta hace no mucho estos eran los recursos que yo utilizaba en casa para intentar que mi hija me hiciera un poco de caso.  Los gritos, las amenazas y los chantajes eran algunas de mis armas cuando la situación se ponía tensa y aunque muchas veces conseguía que mi hija hiciera lo que YO quería, lo cierto es que después me quedaba mal cuerpo porque sabía que no lo estaba haciendo bien del todo. Después de cuatro años de maternidad y dos hijos a mis espaldas, puedo decir que la paciencia ha aumentado un 2000% en mí, pero muchas veces me iba a la cama con la sensación de que seguía siendo una @malamadre por como gestionaba los berrinches de mi hija.

Sabía que chillarle, hacerle chantaje o incluso amenazarla con el castigo no eran las formas correctas, pero tampoco sabía muy bien como hacerlo de otra manera, hasta que tuve la posibilidad de acudir a un taller de disciplina positiva y os prometo que la cosa cambió en casa radicalmente desde el primer día.

Antes de nada no quiero que os penséis que de vez en cuando no se me escapa algún grito desesperado cuando la resacosa me saca de mis casillas a nivel máximo, pero en general he aprendido a controlarme mucho más y sobre todo a ponerme en su lugar; que al fin y al cabo esa es la base de la disciplina positiva.

  • ¿Qué es la disciplina positiva?

La disciplina positiva es una manera de educar que tiene sus orígenes en los años 20, pero que fue sistematizada en los años 80 por Jane Nelsen, quien experimentó con este tipo de educación y ha comprobado que tiene muchos beneficios. La idea principal es intentar entender el comportamiento de los niños y la forma en la que tienen ellos de enfrentarse a los diferentes retos de sus vidas, para que nosotros los padres podamos guiarles de manera adecuada, positiva y respetuosa.

 

  • Principios de la disciplina positiva

El objetivo principal es entender el comportamiento de los hijos (incluso cuando nos sacan de nuestras casillas), para intentar reorientarlos con respeto, pero sobre todo intentando dejar de lado las luchas del poder y las imposiciones como “porque yo lo digo”. La comunicación, el amor, el entendimiento y sobre todo la empatía son las herramientas para hacer que esta manera de educar sea todo un éxito.

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Pero también hay que tener en cuenta que hay que intentar evitar el control excesivo y tenemos que saber que la permisividad no es una buena herramienta. Además, hay que enseñar al niño las competencias básicas de la vida a través del respeto mutuo y la colaboración. En resumen, tenemos que tratar a nuestros hijos como nos gustaría que nos trataran a nosotros y siempre plantear soluciones útiles, racionales y respetuosas a los problemas que nos surjan con ellos

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  • ¿Por qué nos parece tan normal gritar a un niño?

Cuando acudí por primera vez a una de las clases del taller de disciplina positiva, reconozco que salí con una sensación muy extraña. Una de las actividades grupales que tuve que hacer fue la de compartir con otras madres y padres las herramientas que utilizaba en casa para intentar controlar las situaciones tensas que se producían con mi hija. Otros dijeron comunicación, juego positivo, empatía… y yo me vine un poco abajo cuando tuve que decir que mis recursos eran los gritos, el chantaje y los castigos verbales (si verbales, que soy malamadre pero no me gusta levantar la mano a mi hija). Pero bueno, para eso iba al taller, para intentar cambiar mis hábitos y por supuesto aprender técnicas nuevas que me permitieran hacerlo de otra manera.

Nuestra instructora nos dijo que muchas de las conductas que llevábamos a cabo cuando teníamos que enfrentarnos a una situación tensa con nuestros hijos las veíamos como normales porque las habíamos heredado. Nuestros abuelos castigaban a nuestros padres, nuestros padres nos gritaban para que les hiciésemos caso y nosotros hemos adquirido esas conductas como algo normal. Por suerte los castigos físicos y las agresiones verbales ya no son tan bien aceptadas en nuestra sociedad, pero todavía queda mucho por hacer. Nosotros podemos ser la generación de referencia para que las cosas empiecen a cambiar. Solo hay que pensar cómo queremos que nuestros hijos se comporten cuando sean padres. Si preferimos que sean unos locos desquiciados (como yo en algunos momentos) o que sepan enfrentarse a las situaciones tensas de una manera totalmente diferente. Yo creo que lo mejor es que nosotros les enseñemos ahora esos valores nuevos de respeto mutuo y colaboración para solucionar los conflictos, para que ellos los aprendan como algo normal.

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  • La clave está en ponernos en su lugar

Lo que más me gustó del taller fue que tuvimos que hacer dinámicas que nos ayudaban a visualizar muchas de las situaciones a las que nos tenemos que enfrentar día a día con los peques, pero sobre todo que nos daba herramientas para poder gestionarlas de manera adecuada.  Muchos de los comportamientos de nuestros hijos vienen provocados por algo más profundo que una rabieta en el momento. Por ejemplo, que no quieran comer, que nunca quieran ponerse el pijama, que no nos hagan caso cuando les llamamos, son conductas que si se repiten día tras día pueden terminar por desquiciarnos. Pero muchas veces esos comportamientos vienen provocados por problemas que no conocemos como por ejemplo, la llegada de un hermano, que en clase no esté a gusto o cualquier otra cosa en la que no hemos reparado. Cuando los comportamientos se repiten en el tiempo, lo primero que hay que hacer es intentar buscar el origen del mismo y después ayudarles a solucionarlos intentando conectar con ellos, no castigándoles ni gritándoles.

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  • Qué he aprendido

Pues pese a que al principio pensaba que no me iba a servir de mucho el taller, lo cierto es que he aprendido a controlarme y reconozco que las situaciones tensas en casa han disminuido. Intento adelantarme a los problemas, avisando de lo que puede pasar (sin amenazar, solo informando) y cuando hay algún conflicto utilizo muchas de las herramientas que me han enseñado. Las más recurrentes son las de ponerme a su altura cuando le entran las rabietas. Decirle NO una sola vez y no repetirle las cosas mil veces. Si no me hace caso a la primera pasar un poco de ella y ponerme a hacer algo divertido para captar su atención. Dejarle elegir y negociar con ella cuando se empeña en que quiere algo y sobre todo hacerle muchas preguntas en plan ¿porqué lloras?,¿qué te pasa?, ¿estás triste? para despistarla un poco cuando está enrabietada y la verdad que todo me está funcionando.

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Lo que he notado en estas semanas es que hay menos gritos en casa, que estamos más tranquilas y aunque muchas veces la paciencia se me acaba y termino desquiciada y gritando, me doy cuenta rápidamente e intento reconducir la situación para que ella vea que yo también lo he hecho mal. Reconozco que no es por su culpa, sino por la mía. Porque son días en los que yo estoy más cansada o ya estoy al límite y salto por nada, cuando en otras ocasiones se que me podría controlar mejor

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Cada madre y cada niño es un mundo y lo que te puede funcionar con unos, puede que no te sirva con otros, pero desde mi experiencia os digo que ponerse en su lugar y tratarles como pequeños adultos (porque a tu marido no lo mandarías castigado a la habitación cuando ha hecho algo que no te gusta, ¿verdad?) ayuda mucho a controlar las situaciones tensas en casa. Sobre todo os digo que antes tenía mucha tendencia a los castigos y me he dado cuenta de que no aportan nada bueno. Por eso, si os consideráis del clan de las madres desquiciadas como yo, os aconsejo que intentéis entender un poco más a vuestr@s hij@s y así os ahorraréis gritos y situaciones tensas, pero sobre todo vuestros nervios os lo agradecerán.

*Imágenes obtenidas del curso de Taller de Disciplina Positiva

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