Malabares imposibles para no despertar a la fiera

Malabares

La pasada noche, mientras le cantaba una canción a mi hija para intentar que se quedara dormida, empecé a pensar en todas las cosas que al principio hacíamos para dormirle, o incluso para que no se despertara tan fácilmente y me pareció buena idea escribir sobre ello en “La resaca del bebé”. Sin lugar a dudas, lo que mejor nos ha funcionado ha sido el hacerle una misma rutina todos los días, y aunque la próxima semana os hablaré de la importancia de las rutinas con los niños pequeños, hoy me toca contaros todas las tácticas que hemos llevado a cabo para conseguir que conciliara el sueño.

Una de las preguntas más escuchadas cuando tienes un hijo es ¿qué tal duerme? y lo cierto es que cuando escucho a otras madres decir que sus pequeñines duermen toda la noche de seguido me muero de la envidia. Ya en el embarazo perdí la costumbre de dormir “del tirón”, pero lo de ahora es otro tema. Hace ya seis meses que para mí las noches han dejado de ser placenteras y más bien se han convertido en una especie de mini-tortura, porque cuando mejor estoy, cuando he conseguido conciliar el sueño y estoy profundamente dormida, un llanto procedente de la habitación de al lado me reclama urgentemente.

Algunos dicen que los niños que se alimentan con biberón suelen dormir mejor, no se si será cierto o no, pero la mía (que hasta los 6 meses se ha alimentado con mi leche) todavía no ha pillado el concepto noche + sueño = dormir. Hemos pasado por varias etapas; no dormir hasta las 4 de la madrugada, despertarnos cada dos horas, cada tres, cada cuatro, incluso recuerdo un par de noches en las que solo se despertó una vez. Pero también hemos pasado por el otro extremo, el de no dormir ni una hora seguida y por desgracia de esas hemos tenido muchas . Ahora que ya hemos empezado con una rutina para intentar que la enana duerma mejor, y de la que os hablaré la semana que viene, parece que la ecuación noche + sueño = dormir está mucho más clara.

Dormirle en brazos

Nada más nacer, la única manera de dormirle era en brazos. Entre que yo era muy inexperta y que la niña lloraba mucho, me pasaba las noches con ella cogida. Tenía un minicircuito hecho en la habitación y lo recorría continuamente. A veces tenía que ampliar el circuito hacia el pasillo, porque el de la habitación se me quedaba corto y me mareaba de tantas vueltas. ¡La de kilómetros que pudimos hacer sin salir de casa durante las primeras noches!

La cuna con pinchos

Mucho he leído sobre el “síndrome de la cuna con pinchos” y tengo que confesar que hasta no hace mucho lo he tenido que sufrir en mis propias carnes. Resumiendo, podría decir que es el síndrome por el cual metes al niño en la cuna y se pone a llorar como un loco. Da igual el estado del sueño en el que estuviera; bien dormida, bien despierta o adormilada, en el momento en el que intentábamos dejarla en la cuna abría los ojos cual búho nocturno y arrancaba a llorar como si la estuviéramos dejando en una mesa de torturas. Ahí comenzaba de nuevo nuestra maratón de kilómetros en la habitación para conseguir que se durmiese de nuevo.

Hacer la culebra en la cama

Y cuando ya estaba dormidita en nuestros brazos, de nuevo aparecía la duda existencial de: “meterla en la cuna o no meterla, esa es la cuestión”. A veces probaba a ponerla otra vez en la cuna pensando que no despertaría ¡Ayy ilusa de mi!, pero cuando estaba muy cansada no quería arriesgarme a correr ese riesgo y directamente la metía en la cama conmigo. No penséis que era meterla y listo, ni mucho memos. La cama parece que también tenía pinchos y por eso me las ingeniaba para sentarme e irme tumbando poco a poco. Cual culebra, reptaba hasta conseguir apoyar la cabeza en la almohada y sigilosamente iba girándome para poder ir dejando a la enana en la cama sin que notara los pinchos.

Dormir en brazos de mamá

A veces conseguía dejarla dormida a mi lado, pero en otras ocasiones, al intentar sacar mi brazo de debajo de su cuerpo los pinchos aparecían de nuevo y unos grandes ojos oscuros me miraban amenazantes como diciendo: ¿se puede saber que haces dejándome en la cama?. Pues bien, ahí nos tocaba empezar de nuevo; hacer varios kilómetros hasta volverla a dormir y hacer de nuevo la culebra. Era entonces cuando pasábamos a el plan C; “mira chica pues si no quieres dormir en la cama duerme encima de mi” y así pasamos varias noches; con la enana dormida en mi pecho, porque era la única manera de que no se despertara y de poder descansar un poco hasta que volviese a tener hambre. Cuando tenía que recurrir al plan C era porque el nivel de desesperación a las tantas de la mañana era ya muy alto y os tengo que confesar que hubo unas semanas en las que pensé que esa sería la única manera de poder dormir siempre a mi hija. Me sentía fatal porque pensaba que estaba acostumbrando a la niña a dormir en mis brazos, pero por suerte solo fueron unas semanas.

Perfeccionando el plan

Poco a poco fui perfeccionando la técnica de la culebra hasta que conseguía que durmiera en nuestra cama sin despertarse. A veces conseguíamos también dejarla en su minicuna sin que los pinchos salieran de repente y un día nos lanzamos a la aventura y la llevamos a su habitación y la dejamos solita durmiendo en su cuna, llevándonos una gran sorpresa; desde ese día nuestra hija empezó a dormir algo mejor y nosotros empezamos a descansar por las noches. Pero lo que realmente ha hecho que la niña se quede tranquilita en la cuna sin llorar y que consiga quedarse dormida ella solo ha sido el empezar con ella una rutina que hacemos todas las noches, pero de eso os hablaré la semana que viene.

Si pienso en los primeros meses lo cierto es que me veo como una madre primeriza desesperada porque no sabía como hacer que mi hija durmiera, pero ahora lo tengo claro, cuando tenga un segundo hijo la rutina será nuestra aliada desde el primer día y si tengo que recurrir a dormirl@ en brazos y haciendo la cobra lo volveré a hacer, porque ya se que no se va a malacostumbrar, sino todo lo contrario, que poco a poco le iré quitando la “mala costumbre” de querer dormirse en mis brazos, como lo he hecho con mi hija sin tener ni idea de cómo se hacía. Y si vosotros, padres primerizos, también tenéis que recurrir a todo tipo de malabares imposibles para no despertar a la fiera que tenéis en casa, no os sintáis culpables, al fin y al cabo, como siempre nos dicen, todo pasa, y ahora que veo las primeras noches de mi hija desde la distancia, os puedo decir que es verdad, que todo pasa.

 

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12 pensamientos en “Malabares imposibles para no despertar a la fiera

  1. Es algo que me preocupa mucho, el tema del descanso. No tengo hijos pero es algo en lo que pienso por si algún día se da. Me parecéis heroínas de cuento. Cómo sois capaz de dormir a saltos y tener energía para el día siguiente. Imagino que hasta que no lo vives no se puede ni siquiera explicar. ¡¡¡Ánimo!!!

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