Mi segundo parto; rápido y diferente

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Hace exactamente dos meses que publiqué mi último post donde me despedía de vosotros antes de dar a luz.  En el os contaba que ya había empezado a tener contracciones fuertes y pensaba que no tardaría mucho en ponerme de parto, pero nuestro pequeño aún se hizo esperar algunas semanas más. Si a esas alturas ya había notado muchas diferencias con mi primer embarazo, como ya os conté en ESTE POST, ahora que he pasado la cuarentena, tengo que seguir hablando de diferencias. Empezaré por contaros lo diferente que fue mi segundo parto y dentro de algunas semanas os contaré también lo distinto que está siendo este segundo post-parto y la lactancia materna.

Antes del parto

Durante todo el embarazo noté muchas diferencias con el anterior y a medida que se acercaba la hora del parto más diferencias notaba. Para empezar, en esta ocasión, las contracciones fueron muchas y muy dolorosas durante varias semanas, mientras que con mi primera hija no noté nada hasta el día anterior a dar a luz. Incluso esta vez, un día tuve que ir a urgencias porque pensé que ya había llegado la hora, bueno yo y todo el personal que me atendió, porque estaba dilatada de dos centímetros, con el cuello medio borrado y contracciones regulares. Me hicieron la “Maniobra de Hamilton”  y me mandaron a casa porque la cosa se podía alargar mucho, pero la matrona me dijo que estaba ya en proceso de parto y que sería cuestión de horas o días. Me fui a casa por si la cosa se alargaba y vaya si se alargó, tanto que esa misma tarde se me pararon las contracciones y tardé dos semanas más en dar a luz.

Que sepáis que me hice famosa en la planta de partos, porque cuando empecé con los monitores, las ginecólogas me decían que habían estado esperándome tras mi visita a urgencias y ni ellas ni yo nos explicábamos como después de quince días seguía igual. La matrona que me atendió en aquella ocasión se fue de vacaciones y volvió justo el día 31 de julio, cuando yo tenía cita en monitores. Recordamos la visita y nos reímos un rato porque como vidente no tenía futuro, pero también me dijo que no me preocupara, que tarde o temprano saldría el niño y que el día que lo hiciera no me iba a costar nada, porque mi cuerpo llevaba mucho tiempo preparándose y esta vez si que acertó con su predicción.

Mi segundo parto

Si en una ocasión ya os conté como había sido el nacimiento de Aitana, ahora la historia de su hermano Yago no iba a quedarse en un simple diario. Aunque el parto me parece algo muy íntimo, también me parece una experiencia preciosa y por eso quiero compartirla con tod@s vosotr@s.

Como os contaba antes, el día 31 de Julio tuve monitores y después de mucho cachondeito con el personal que me había atendido hacía 15 días y de volverme a repetir la “Maniobra de Hamilton”, me fui a casa notando algunas contracciones, que no me parecieron raras porque la noche anterior también las había tenido y en las últimas semanas las había notado en varias ocasiones. Pero después de la siesta la cosa se animó un poco más.

Si tengo que resumir este segundo parto lo puedo hacer en dos palabras; rápido y doloroso. Doloroso porque me tocó dar a luz sin epidural y rápido porque empecé con contracciones fuertes e irregulares sobre las 18:00 de la tarde, a las 19:00 se hicieron más dolorosas y regulares y a las 19:30 me iba al hospital a toda prisa y pensando que no llegaba a la sala de partos. Para que os hagáis una idea de lo rápido que fue todo,  llegué a las 19:41 según el informe de ingreso y Yago nació a las 20:43.

Tengo un recuerdo muy difuso de esa hora escasa, porque todo pasaba como a cámara rápida. Entré dilatada de 5cm y mandaron fuera de la habitación a mi marido para ponerme la epidural. Recuerdo contracciones insoportables cada poco tiempo y como me decían que tenía que esperar al bendito pinchazo porque la anestesista estaba ocupada. Pedí que entrara mi marido porque tenía mucho dolor y me encontraba muy sola (en realidad ya veía yo que eso iba muy rápido y que me tocaba dar a luz sin el). Recuerdo también como me pedían que me tranquilizara porque la cosa podía ir para largo y como la cara les cambió cuando me volvieron a mirar y en menos de 10 minutos ya estaba dilatada de 8cm. Me dijeron que me tocaba parir a la antigua usanza, sin epidural. Llamaron rápidamente a mi marido y me hicieron pasar a la sala de partos cagando leches y sin hacer esfuerzos por si el niño se me caía por el camino.

Os confieso que ahí me entró el canguele máximo. Tenía muchas ganas de empujar y veía que en el paritorio no tenían nada preparado, todo eso entre dolores que me partían por la mitad. Mientras la gine se ponía los guantes, recuerdo que me decía que empujara cuando tuviera ganas y que si tenía que chillar que chillara, que estaba sola en la zona de partos. Pues bien, ahí estaba yo; olvidando todo lo que había aprendido en las clases pre-parto sobre respiración y relajación y empujando y gritando como una loca, dos cosas que por si no lo sabéis no encajan y es que cuando chillas pierdes toda la fuerza y no puedes empujar bien. Sentí que me mareaba e incluso les pregunté que pasaría si me desmayaba, pero me dijeron entre risas que me tranquilizara que no me iba a desmayar, que intentara no gritar y concentrar todas mis fuerzas en empujar. Seguí sus consejos y lo cierto es que todo empezó a ir mucho mejor.

Empujé un par de veces sin chillar y tras ayudarme un poco con un pequeño corte con bisturí, noté como la cabeza de mi pequeño salía de mi. Un par de empujones más y la ginecóloga me pedía que lo sujetara para sacarlo y ponérmelo encima. Con muchos nervios, un poco de miedo y casi sin saber como sujetarlo, de repente ahí estaba de nuevo esa sensación tan bonita e inexplicable de dar a luz. Traer al mundo a alguien que ha estado dentro de ti durante nueve meses. Cansancio, lagrimas, risas, besos, olor a vida… todo mezclado en un abrazo que esta vez si que pude tener instantáneamente, como me había imaginado tantas veces, porque a Aitana se la llevaron nada más nacer y no la pude tener encima mío hasta que no la miraron bien.

Pues eso, que os lo puedo explicar con palabras, pero hasta que no lo vives no sabes como es esa sensación. Tras dos horas pegada a mi enano, en las que como por arte de magia el se enganchó perfectamente a mi pecho, se lo llevaron para limpiarlo y revisarlo y subimos a la habitación.  Todo fue tan rápido que no estaba cansada y lo más curioso es que tampoco tenía sensación de dolor y eso que había notado todos y cada uno de los 5 puntos que me dieron para coserme la episotomía.

En resumen, puedo deciros que mi segundo parto fue muy diferente al primero porque con Aitana empecé con contracciones un día antes del parto y con Yago estuve con ellas durante todo el último mes.  La llegada de la niña se retrasó 11 días mientras que el niño solo llegó 3 días tarde. Con ella el proceso de parto duró casi 12 horas mientras que con el casi no llego ni al hospital. La recuperación tras esos procesos tampoco fue la misma, ya que en el primero, tantas horas me produjeron un gran cansancio físico y mental, pero en esta ocasión, tras una hora escasa, estaba fresca como una lechuga y sobre todo los dolores de la primera vez no fueron nada comparados con la segunda, ya que esta vez me tocó parir sin epidural.

Antes de terminar os invito a recordar, a través de este enlace, el nacimiento de Aitana, para que veáis que cada parto es un mundo, igual que lo es cada bebé, pero de eso ya os hablaré en el próximo post, en el que os contaré cómo se comportó el pequeñín en sus primeros días, cómo ha sido mi post-parto y lo mas importante; cómo he conseguido que “la resaca del bebe” sea casi inexistente. Esperemos que la cosa siga así durante mucho tiempo.

Ya os contare que tal sigue todo resacos@s

Un saludo

 

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2 pensamientos en “Mi segundo parto; rápido y diferente

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