No es un adiós, es un hasta luego…

hasta luego

Tranquil@s que en estos momentos no estoy hablando del blog, sino de mi vida personal y es que este es sin duda el año de los cambios y el que acabamos de dar puede que sea uno de los más duros desde hace tiempo, pero también creo que es un cambio para mejor. Hace algunos meses os contaba que mi vida iba a cambiar radicalmente, no solo porque como os decía antes de Semana Santa una nueva resaca está en camino y me voy a convertir en bimadre dentro de poquito, sino también porque por motivos laborales hemos tenido que dejar la tierra que me ha acogido en los últimos 8 años. No se si será algo temporal o si veré crecer a mis hijos en Navarra, pero lo que cuenta es el presente y ahora que acabamos de mudarnos quiero hacer balance y sobre todo agradecer, agradecer y agradecer lo bien que me he sentido en mi segundo hogar.

Un nuevo cambio

Lo cierto es que yo siempre he sido muy nómada y que me gustan los cambios. Lo primero que dije cuando mi marido me preguntó que si quería irme a Navarra fue que SI. Hace 8 años dejé a mi familia y amigos atrás por estar a su lado y ahora no iba a decir lo contrario.

Aunque en San Sebastián me he sentido muy agusto, lo cierto es que yo soy de las que piensan que hogares puedes tener muchos pero tu casa siempre será tu casa. Esa a la que siempre vuelves por navidad, en la que estas todo el día en pijama y te importa una mierda cuantas visitas vengan, aquella en la que te sientes tan a gusto y segura que parece que los problemas son menos problemas; la casa de tu infancia, la casa de tus padres, en definitiva: TU CASA. Bueno que eso, que MI CASA nunca ha estado en San Sebastián, sino en Aldeadávila de la Ribera, por eso para mi todo lo que ha estado y esté lejos de Salamanca siempre han sido y serán simples hogares. Aún así también creo que da igual el sitio en el que se viva si lo que importa es construir algo bonito cerca de los tuyos, sabiendo que es lo mejor para ellos y yo creo que este cambio es bueno para mi familia.

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Un cambio a mejor

La mayoría de las veces suelo ver el vaso medio lleno y cuando se nos planteó esta oportunidad pusimos encima de la mesa todas esas cosas positivas que sacaríamos de este cambio. Yo la primera que vi fue el tiempo… siiiii… ya lo se…. soy muuuuyyy pesada con lo de que en el norte llueve mucho, pero es que es la verdad. Yo que venía del sol y de tierra de secano y de repente me encontré con un verano casi inexistente y un invierno que duraba de noviembre a agosto. Pues el primer punto positivo que vi al cambio fue ese, que espero que en Estella el verano sea verano. Además, un buen puesto de trabajo, un buen sueldo y un adosado en el que vivir nos animaron a dar el paso. Aunque había muchas cosas positivas, también había algunos puntos en contra que pesaban mucho. Cambiarnos de lugar significaba irnos solos, volver a dejar atrás amigos y familia y eso si daba un poquito de pena. No tener a nadie cerca para poder tomarte un café o ningún familiar al que llamar para pedir ayuda daba un poco de miedo. Peeerooooo siempre viendo el vaso medio lleno, estamos a menos de hora y media y se que cuando necesitemos algo vamos a tenerl@s cerca a tod@s

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La familia pesa

Cuando anunciamos el cambio a nuestras familias noté algo de lo que hasta el momento no me había dado cuenta nunca y es de lo diferente que se ven las cosas dependiendo de donde te hayas criado. Aunque tanto la familia de mi marido como la mía nos apoyaron desde el principio. Lo cierto es que en mi entorno (que están más acostumbrados a que todos dejen el pueblo y se busquen la vida fuera desde bien pronto) se pusieron muy contentos por la nueva oportunidad e incluso nos aconsejaron que era algo que no podíamos dejar escapar. Pero mi familia política se lo tomó de manera diferente, tal vez porque allí no hay esa necesidad de buscarse lejos la vida y los padres siempre están cerca de los hijos. La cuestión es que aunque también se alegraban por nosotros, noté que estaban tristes porque nos íbamos y eso tal vez ha sido lo que más pena nos ha dado. Marcharnos sabiendo que dejamos atrás a una familia que nos quiere, nos cuida y se preocupa por nosotros. Una familia que siempre ha estado ahí y que cuando hemos necesitado ayuda siempre nos la ha dado. Por eso a mis cuñad@s y sobrin@s quiero decirles que GRACIAS por todo y que no tienen que ver nuestra marcha como una despedida, que vamos a estar ahí siempre, que estamos muy cerquita y que vean el lado bueno: siempre van a tener una casa de veraneo a hora y poco de San Sebastián.

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“Apa gente”, os echaremos de menos

Sin lugar a dudas hay algo que voy a echar mucho de menos y es a esos amigos del grupo “Apa gente” que dejamos allí. Han sido muchos años de proceso con tod@s ell@s, de conocernos poco a poco, de ir creciendo y ver como nuestras familias crecían juntas, de domingos de vermuth, tardes de cafés, noches de cenas y mañanas de “buenos desayunos”. De fiestas (cada vez menos), bodas y bautizos. Pero sobre todo en estos años he descubierto que se pueden tener varios tipos de familias y est@s amig@s que dejamos lejos (no mucho) se que siempre van a estar ahí como una gran familia aunque nos separen bastantes kilómetros. Fueron los primeros en llamarnos locos cuando dijimos que nos marchábamos, pero tengo claro que también van a ser los primeros en estar ahí cuando lo necesitemos y que nos van a venir a visitar muuuuy a menudo. Estoy segura de que en Estella también encontraremos a gente estupenda con la que terminaremos tomando cafés por las tardes, desayunando por las mañanas y cenando por las noches, aunque nunca serán como nuestra familia lasarteoriatarra. Se os quiere Gente.

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No os voy a engañar y aunque llevamos poco en nuestro nuevo hogar, estar tooooodooooo el día con una niña intensa en casa es agotador, pero ahora toca mirar para adelante. Pensar en lo que viene. Intentar adaptarnos a la nueva situación y sobre todo DISFRUTAR de esta nueva etapa de nuestras vidas que creo será maravillosa.

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Como ya os conté en Instagram el día que dejé San Sebastián, hasta Don Quijote me dijo adiós con la mano en un entorno tan bonito como la Bahía de la Concha y en un día “tipical Donosti”, amenazante de lluvia. Pero yo le dije que no estuviera triste, que no llorara porque yo me fuera y el día amenazara lluvia. Que el sol volvería a salir para poner oso polita a esta ciudad que con luz tiene un encanto aún más especial y que yo volveré a pasear por ella y sentarme a su lado y al de Sancho en alguno de esos días soleados para comerme un helado con los amigos o con la familia. Porque lo que yo os digo no es un adiós, es tan solo un hasta luego.

A vosotr@s resacos@s os iré informando de como nos va en esta nueva aventura.

 

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