Ese maravilloso mundo de la lactancia materna

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Si en el post anterior nos adentramos en ese maravilloso mundo del cambio de pañal, hoy vamos ha entrar de lleno en otro bastante desconocido para los papas primerizos, sobre todo para las madres primerizas; el mundo de la lactancia materna. Aunque al principio me daba un poco de miedo y sobre todo respeto, tengo que confesar que amantar no está tan mal, yo al final le cogí el truco y encima me sirvió para dedicarle tiempo a mi hobby preferido, la lectura. Hoy os cuento las ventajas e inconvenientes que desde mi punto de vista tiene la lactancia materna.

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Utensilios que no sabes que existen hasta que no tienes un bebé

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Después de entrevistar a Rafa Esteve y ver su monólogo explicando el comienzo de sus aventuras como padre en serpadreprimerizo.com, empecé a pensar que a mí también me llamó mucho la atención el gran número de cosas que rodean el mundo de los recién nacidos, muchas de ellas de gran utilidad y muchas otras que ni siquiera sabemos muy bien cómo utilizarlas. Por eso he pensado que sería interesante escribir sobre ello, para que vosotros también me digáis si os parecen útiles o no.

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#SemanaDeLaLactanciaMaterna

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Como todos los años se celebra del 1 al 7 de agosto la Semana Mundial de la Lactancia Materna y yo he querido aprovechar el momento para hacer una pequeña reflexión sobre este tema. Se sabe que la lactancia materna aporta a nuestros bebés grandes beneficios, pero ¿porqué algunas madres deciden no darle el pecho a sus hijos?, no lo se porque yo si que elegí amamantar a mi hija, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva, pero puedo entender a todas aquellas madres que no lo hacen. Porque no quieren que sus pechos se agrieten ni sentir dolor, aunque sea solo los primeros días, porque no tienen paciencia para estar más de dos horas con sus hijos pegados al pecho, porque no les gusta estar todo el día con la “teta fuera” o simplemente porque no les da la real gana. Todas las madres somos libres para elegir como alimentarlos y NADIE debería juzgarnos por la manera en la que elegimos hacerlo. Porque detrás de cada una de nosotras hay un sinfín de razones que no conocemos y aunque yo reconozco que soy la primera que intento coaccionar a las futuras mamis de mi entorno para que den el pecho, lo cierto es que viéndolo desde fuera, no tengo ningún derecho a decirles lo que tienen que hacer con sus hijos y mucho menos con sus “tetis”.

Yo decidí sufrir los dolores de los primeros días, de las grietas y de las obstrucciones de conductos, decidí tener paciencia y despertarme cada poco para alimentar a mi hija, decidí pasar horas y horas en vela con ella pegada a mi pecho, pero también decidí poder darle de comer cuando y donde ella quería, decidí no tener que salir de casa cargada con baberos y biberones, decidí no dejarme una pasta en leche en polvo y sobre todo decidí poder calmarla con tan solo ofrecerle una parte de mi cuerpo. No se si era lo mejor o no, si era lo correcto o no, pero lo que si tenía claro es que yo quería hacerlo de esa manera y por eso respeto que cada madre haga lo que crea conveniente en cada momento en cuanto a lactancia se refiere. Porque tan importante es apoyar la LME, cómo apoyarnos entre nosotras, independientemente de la forma que elijamos para alimentar a nuestros hijos.

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Crisis de lactancia; ¿Cuál nos toca ahora?

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Cuando me adentré en esto del mundo de la maternidad la verdad es que no había leído mucho sobre todo lo que rodea a los recién nacidos. Algunos folletos, las hojas que me daba la ginecóloga y algunas revistas de bebés que me guardaba mi madre. Tenía una noción básica de los cuidados que tenía que hacerle diariamente, de los problemas que podía tener con la lactancia y de cuando debía acudir al pediatra, pero cuando llegó el momento de la verdad todas esas nociones se quedaron cortas. Todo me parecía síntoma de alarma y aunque la teoría parecía estar bien clara, la práctica era otra cosa. Cada poco llamaba a la pediatra con dudas que para ella eran normales, pero que para mi eran un mar de preocupaciones: ¡La niña duerme muy poco!, ¡La niña pasa muchas horas pegada a mi pecho!, ¡Mi hija llora mucho!, ¡Mi niña tiene muchas ojeras!, ¡Mi hija lleva 10 días sin hacer caca!, ¡La niña tiene fiebre! … y la respuesta siempre era parecida; es normal o es un virus.

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